Hablar de Pasolini es hablar de libertad….tanta libertad que muy pocos pueden soportarla, una libertad rabiosa, reivindicativa, culta, delictiva, sexual y hasta morbosamente escatológica.

Pasolini
Pasolini filmando en Salo, o Los 120 Dias en Sodoma, (aka Salo, O Le 120 Giornate di Sodoma), 1975. ©Pier Paolo Pasolini

Pasolini era, para muchos, la representación del demonio en sus múltiples perversiones, un provocador sin sentido que excusaba en el arte sus fantasías más oscuras, siniestras y los tabús más ocultos que aún conserva nuestra sociedad.

Volver a nombrarlo suele ser un gesto de audacia y barullo…a más de 40 años de su muerte, su nombre sigue causando estupor y cierta polémica: una trascendencia que pocos logran a lo largo de sus vidas. Mientras tanto, parece que Pasolini sigue hablando:

“Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;
que he perdido hasta la antigua paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por la tierra como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he terminado por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece esperanza”

En el papel era fácil definir a Pasolini como un católico, marxista, escandaloso, pederasta, homosexual, pornógrafo, pero siempre fue más que eso…sobretodo para una sociedad culta que valoraba las denuncias a través de las más escandalosas películas de su época: El Decamerón, El Evangelio Según Mateo, Medea con Maria Callas…y la apabullante Saló o los 120 Días de Sodoma.

Sus  obras eran un reflejo y denuncia de lo que veía a través de su mirada de artista multidisciplinar, era el espacio para canalizar los trágicos acontecimientos que salpicaron su vida y que supo plasmar con genialidad.

Pasolini era un artista prolífico y  su legado artístico le convirtió en el intelectual italiano más renombrado del siglo XX. Poseía un talento innato que imprimió en sus diversas facetas artísticas: lingüística, literatura, poesía, fotografía, pintura, cine, a través de las cuales manifestó el grito silenciado y reprimido que la sociedad de ese entonces le imponía.

Pasolini nunca ocultó su homosexualidad, de hecho fue un claro activista desde la cultura en pro de la visibilización de una forma de vida que hasta ese entonces, era tabú.

Pasolini tuvo una vida trágica, que transformó en cruzada y que le condujo  a una muerte cruel, un ensañamiento brutal que no merecía y que más de 40 años después continúa siendo un misterio.

Una vida siendo Pasolini

Pasolini nació en Bolonia, la ciudad más izquierdista de Italia. Fue el primogénito de un irascible oficial de infantería fascista de origen pudiente y de una maestra de escuela de dulce carácter y situación humilde.

Su padre, alcohólico y ludópata, era autoritario y maltratador: hechos que desembocaron en que el pequeño Pier Paolo, encontrara desahogo a esos traumas en la poesía, que comenzó a escribir desde los siete años y en una inconmensurable admiración  por su madre.

Enrique Irazoqui (Jesucristo) y Pasolini durante el rodaje de El Evangelio según San Mateo (AKA Il Vangelo secondo Matteo).

Esa deuda que siente con su madre maltratada y la admiración que le profesa queda reflejada en una de sus películas más aplaudidas: El Evangelio Según Mateo. En ella, Pasolini da el papel de la Virgen a Susana, su madre, que pasa así a ser la madre de Cristo, mientras que su primer libro de poemas, Poesía a Casarsa (1942) lo dedica a su odiado padre y está escrito en friulano, dialecto hablado por su familia materna y despreciado por su padre.

Otro hecho detonante en su vida es la muerte de su único hermano Guido, abatido en 1945, durante la II Guerra Mundial, cuando tenía 20 años y combatía en la Resistencia.

Pasolini había sido reclutado en 1943, pero huyó. A partir de entonces, considerando sus estudios en literatura e historia del arte, empezó trabajar como profesor hasta 1949.

En octubre de ese año, los carabineros le denuncian por corrupción de menores. El escándalo provoca su inmediata expulsión del Partido Comunista Italiano, que considera la homosexualidad una degeneración burguesa. Sin embargo, el rechazo no merma su ideología. Siempre se consideraría un comunista.

Roma, prostitución y una prolífica producción

En 1950 se traslada a Roma junto a su madre: es allí donde cruza el umbral de su consagración como escritor, sumergiéndose en el ambiente de los suburbios. Prostitutas y jóvenes de la calle son protagonistas absolutos de sus creaciones, identificándose incluso con su lenguaje. Escribe sus obras más significativas, como la novela Chicos del Arroyo (1955), centrada en los chicos de la calle, personajes que le obsesionarían de por vida, y Una Vida Violenta (1955). Ambas obras le valieron reconocimiento.

En una entrevista el 31 de octubre de 1975, la víspera de su asesinato le preguntaron cuál era su calificación profesional preferida a lo que respondió:

En mi pasaporte yo escribo simplemente escritor

Pasolini También fue un provocador cineasta, disciplina a la que accedió de la mano de Fellini en los años 50: su obsesiva pasión por reflejar la realidad le permitió retratar con maestría la Italia profunda.

Pasolini filmando en Saló, o Los 120 Dias en Sodoma, (aka Salo, O Le 120 Giornate di Sodoma), 1975. ©Pier Paolo Pasolini

En los años 60 y 70 consigue la fama internacional con películas de gran impacto, escandalosas y controvertidas, en las que combina realismo con concepciones revolucionarias del sexo, la violencia o el sadismo. Entre ellas destaca El Evangelio Según Mateo (1964) con ella Pasolini consigue una vez más noquear al público y la crítica, al crear una obra de inusitada calidad y belleza, en la que consigue que convivan marxismo y espiritualidad cristiana , sus dos ideologías, en perfecta armonía.

Durante los últimos años de su vida y quizás como presintiendo su muerte, produjo de un modo frenético obras que reflejan un drama personal, como Edipo, el Hijo de la Fortuna (1967) y Porcile (1969), o que inauguran la Trilogía de la Vida: El Decamerón (1971), Los Cuentos de Canterbury (1972) y Las Mil y Una Noches (1973). Inmerso en una profunda crisis personal, realiza su último trabajo, Saló o los 120 días de la ciudad de Sodoma (1975).

Afiche de Saló.

Como escritor, se avoca a Petróleo, una obra póstuma e inacabada. En ella narra la vida de un hombre obsesionado por su propio y extremado erotismo. Describe algunas vivencias homosexuales, que incluyen una espectacular orgía del protagonista con 20 muchachos proletarios en un descampado de la periferia urbana.

El Misterio y La Muerte

Poco después, Pasolini fue asesinado brutalmente en un descampado de Ostia, cerca de Roma. Su cuerpo, aparece abandonado en un vertedero, del hombre que era ya no quedaba nada: completamente desfigurado, mutilado, reventado, fue golpeado y atropellado. Quedó irreconocible.

El cuerpo de Pier Paolo Pasolini , cubierto con una sábana, en un descampado de Ostia. Foto fechada el 2 de noviembre de 1975.

A las pocas horas, culparon a un joven de 17 años del crimen: Giuseppe Pelosi. Treinta años después, en 2005, Pelosi declara en televisión su inocencia y revela que fueron tres personas, una de ellas con acento siciliano, quienes acabaron con la vida de Pasolini, increpándole a gritos: ‘Maricón, sucio comunista’, dato que ocultó para ser juzgado por un tribunal ordinario y salir a los pocos años de prisión (tal como ocurrió).

Ante los hechos, la familia del autor reclamó la reapertura del sumario, en el que se incluyen testimonios de su amigo Sergio Citti quien afirma que acudió a la cita con el joven porque era víctima de un chantaje por el robo de unos rollos de Saló….

Pino Pelosi, supuesto asesino de Pasolini, en la escena del crimen, Noviembre 1975.

Los motivos políticos de su muerte retumban más fuerte cuando se descubrió en 2009 que Pasolini tenía la intención de revelar en Petróleo el nombre del culpable de un controvertido incidente acaecido en 1962, que involucraba el presunto homicidio del industrial Enrico Mattei presidente de la compañía Petrolífera Eni.

Dichas revelaciones dan lugar a la cuarta apertura del sumario del caso. El año anterior, 700 intelectuales habían firmado un manifiesto exigiéndola.

Las investigaciones y especulaciones en torno al crimen continúan. Por ahora, quienes no creemos en la información oficial, seguiremos pensando en Pasolini, como un héroe, un hombre que decidió ser libre y defender la libertad hasta sacrificar su propia vida. Desde Impure hacemos un aporte para que su legado siga resonando y no sea olvidado el nombre de quienes luchan por la libertad.

Impure

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