Para Txema Salvans la carretera es un lugar en donde encontrar el refugio de lo que olvida nuestra sociedad. Un lugar en donde ocurren situaciones y vidas, ajenas a lo que el resto considera el espacio natural urbano.

Txema SalvansJunto a las señales de transito y los letreros de restaurantes de paso, la prostitución se une al paisaje de la carretera, transformándose en el vestigio de un tiempo ausente del ritmo cotidiano y en donde la vida pareciera transcurrir en una realidad paralela. Lo mismo ocurre con los pescadores amateurs, esos que recalan en algún punto perdido y esperan en silencio, en un tiempo propio, que un pez muerto les traiga de vuelta a la vida.

En 2012 Txema Salvans fue el ganador de Fotolibro Iberoamericano, un concurso que organiza la editorial española RM, con su proyecto “The Waiting Game.” Un trabajo que causó ruido debido a que en él, las protagonistas eran las prostitutas de las carreteras del Mediterráneo español. Sin embargo, el trabajo de Txema va más allá que sólo disparar con su cámara, pues es un fotógrafo que continúa la tradición de la Nueva Topografía y literalmente fotografía como un topógrafo.

The Waiting Game

Txema Salvans, es un fotógrafo catalán, que salió durante ocho años a los caminos secundarios de la costa mediterránea de España para elaborar su ya clásico The Waiting Game, un compilado de imágenes en el que captó la vida de varias prostitutas esperando clientes a un costado de las carreteras. Entre el sol incandescente, polvo, matorrales, señales de transito y el alma de la soledad, mujeres anónimas sobreviven gracias al dinero que pueden sacar de choferes y viajeros solitarios que solicitan sus servicios como una parada más del camino.

La primera foto de la colección tiene casi diez años y la última es de unos meses antes de publicar el libro. El proyecto sigue una línea documental en el sentido más estricto de la palabra.

Salvans registra la realidad de la prostitución de carretera que se sitúa desde Cataluña la frontera con Francia hasta prácticamente Algeciras que ya es la zona de Andalucía, esas carreteras secundarias que los viajeros escogen para evitar el pago de las autopistas.

En esas vías semiabandonadas y desérticas la prostitución surge libre y clandestina debido a la escasa vigilancia de las autoridades. Además el Mediterráneo español tiene un buen clima, lo que quiere decir que las mujeres pueden estar todo el año trabajando, ya que hay mucho tráfico y esto se presenta como un ambiente propicio para desarrollar el  oficio con una afluencia constante de clientes.

Txema ha contado en más de una ocasión, que la primera foto surgió de un encargo editorial, en donde le pidieron una foto de prostitución de carretera. A partir de ese primer encargo, tuvo la idea de crear un proyecto más allá del que tenía que entregar.

“Hubiese sido muy sencillo coger la moto o el coche, irme, sacar la cámara por la ventana, hacer la foto y listo. Es un poco lo que veía yo en las fotos de la prensa diaria.
Yo vengo de estudiar biología, no soy un fotógrafo que venga de las bellas artes, por lo que se me ocurrió utilizar -como sucede en la naturaleza- el mimetismo. Yo tenía en ese momento un amigo también biólogo y su padre tenía una empresa de topografía, así que se me ocurrió usar un trípode de topógrafo, adaptarle una rótula de fotografía y pedir una cámara de gran formato para que no fuera identificable por alguien con poco o nulo conocimiento de fotografía. Entonces cogí la furgoneta, un chaleco reflector, un casco y salí a la carretera. Empecé a trabajar y me di cuenta de que realmente la estrategia funcionaba porque las mujeres me veían, equivocaban la razón, le daban otro sentido, creían que yo estaba ahí simplemente trabajando. En las fotos no hay display. En biología, el display es lo que hace el gorila macho cuando se golpea el pecho para mandar un mensaje. O lo que hacen los pájaros cuando hacen sus rituales de apareamiento y comienzan a moverse. Yo pude haber accionado el obturador cuando ellas se muestran al coche o al camión que pasa, tocándose los pechos, golpeándose las nalgas, saludando, ese sería el display de la prostituta. Pero qué pasa si yo hubiera hecho una edición en ese sentido porque tengo muchas fotos así, realmente lo que tú estarías viendo sería la prostituta, no a la mujer. Y es por eso que todas las fotos en realidad tienen una distancia respecto al sujeto, a la persona. En realidad se convierten en fotografías de paisaje. En ese paisaje, obviamente la presencia de esa mujer es lo que da la dimensión trágica.”

The Waiting Game posee una esencia documental  ya que retrata la realidad de la prostitución; al tiempo que explora la estética del paisaje urbano con una técnica magistral que no interrumpe. Esto ha hecho que Salvans sea catalogado como el gran renovador del género documental en la fotografía española contemporánea.

Para el fotógrafo, este trabajo simboliza también un lugar con el que todos nos podemos identificar:

“En The Waiting Game busco exactamente el momento de la espera, del waiting, porque en esa espera, al final, es en donde podemos verdaderamente empatizar, en esa espera estamos todos. Yo siempre le digo a mi hijo, quien como todos los niños pequeños es muy impaciente, que en esta vida hemos venido a esperar. Yo me espero a que suene el despertador, espero a que él se vista, él espera a que yo le traiga el desayuno, esperamos el tren, vamos a la escuela, él espera a la hora del patio, etcétera. Y nosotros constantemente estamos en nuestro día a día esperando hasta el punto final. Esperamos para nacer y esperamos a morir”

Las fotos están hechas con la misma luz y en la explicación ha sido categórico:

“Cuando el sol bajaba y la luz era bonita, yo dejaba de hacer fotos porque yo lo que quería era mostrar esa dureza del paisaje. Lo que yo buscaba era hablar de la dureza del territorio y de cómo estas mujeres ocupan este territorio y del paisaje interior con las que ellas conviven y viven, buscar esa luz que lo descubre todo, que lo enseña todo. Una luz que descubre su vulnerabilidad. Mi discurso es una obviedad. Lo que estoy mostrando es un espacio público”

The waiting game 2

Tras el éxito y la vida que fue descubriendo Txema en la carretera, surge un nuevo proyecto fotográfico que recopila anónimos pescadores en los lugares más insospechados y absurdos del litoral mediterráneo. Salvans muestra a gente pescando, como acto placentero y desde el ocio más íntimo, sencillo y hasta familiar, pero los espacios elegidos son extrañamente crudos, grotescos e incluso muy poco higiénicos.

Cuando se observa este trabajo, da la idea que los pescadores, no están interesados en pescar y que están atrapados en un lugar sin tiempo, completamente inactivos y ajenos al ritmo del resto del mundo. Estas personas,se entregan, al acto de no hacer nada.

El trabajo de Txema Salvans, se configura en torno al voyeurismo de esos estados de inacción, pues los protagonistas ignoran que están siendo fotografiados y al observarlo, en cierto modo, nos hacemos cómplices de esa invasión.

Txema Salvans trabaja con una cámara de gran formato, en donde entre otras cosas, ya se establece un tiempo diferente, no son instantáneas, sino que la toma requiere de todo un proceso más lento, entre componer, enfocar y disparar.

También en sus fotografías destaca la distancia, no son tomas cercanas, sino que los sujetos forman parte del paisaje; Salvans, para realizar las fotos, se sitúa a una distancia prudente que no deja reconocer la identidad de los personajes fotografiados y de alguna manera, deja que sus personalidades se desintegren y formen parte de ese espacio capturado y olvidado por el tiempo.

En ambos trabajos, podemos ver que la espera no es inmutable, tanto el pescador como las prostitutas, esperan cazar o ser cazados para salir del estado hipnótico e inactivo en que se mantienen, a cambio de un hito que cambie el instante eterno en el que permanecen imbuídos y en donde son siempre actores pasivos y no activos de la acción.

Conoce más sobre Txema Salvans y su mundo detrás del  lente aquí

Impure

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