Como suele ocurrir con las buenas historias, la de Hugh Holland y el skate surgen de manera sincrónica: por coincidencia congruente y psicodélia.

Corría el año 1975, cuando Hugh Holland condujo a la hora del atardecer por Laurel Canyon Boulevard y divisó a un grupo de skaters patinando entre zanjas y el drenaje del cañón. El joven fotógrafo se sintió conmovido por la gracia, versatilidad, energía y pasión de los jóvenes skaters, por lo que sintió un llamado visceral para registrar lo que tenía ante sus ojos.

Holland no tenía ninguna educación artística formal, perfeccionó su técnica disparando sin descanso, hasta lograr los resultados que le complacían. Tampoco era un skater pero sentía una profunda fascinación por la tribu urbana que se presentaba ante sus ojos, por lo que decidió pasar los siguientes tres años de su vida documentando el increíble mundo underground skate de California.

Skateboarding en California

A mitad de los´70 el sur de California estaba experimentando una sequía grave, lo que se tradujo en abundancia de piscinas que los skaters de la zona supieron visualizar como paraísos donde reunirse a practicar trucos.

Esas piscinas formaban parte de patios de casas ubicadas en los suburbios y que servían como punto de encuentro underground entre las calles que las conectaban. Esos espacios íntimos se volvieron un paraíso público, tal como registra el documental Dogtown and Z-Boys skateboarders.

Holland estuvo ahí para ser testigo y compartir con el mundo la mirada de un momento que fue el inicio de una tribu urbano que se extendió por el mundo.
Para 1978 la escena se había popularizado y perdido su esencia under por lo que Holland, con la misma naturalidad que había abrazado la documentación skater californiana, dejó de hacerlo naturalmente.

El impresionante trabajo de Hugh Holland forma parte del libro “Locals Only”, que se puede conseguir a través de Amazon, y refleja fielmente el nacimiento de la cultura skate en California.
Conoce más de su trabajo en: hughholland.com – Facebook



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