Ley de Medios, síntomas post plebiscito e incertidumbre sobre el futuro

Tras el plebiscito del 4 de septiembre, muchas articulaciones, organizaciones de la sociedad civil que trabajaron y centraron sus esfuerzos en la campaña que buscaba en el triunfo del Apruebo para la Nueva Constitución de Chile, quedaron en shock.

Gran parte de la ciudadanía que se activa políticamente a través de redes y los medios de comunicación alternativos e independientes, sumaron esfuerzos para informar en contra de la avalancha de desinformación que los medios hegemónicos lograban instalar día tras día por canales de señal abierta.

Ahora que ganó el rechazo, de algún modo, los esfuerzos articulados se desintegran y buscan una nueva lucha que los articule, se pierde el objetivo común, el que nos lanzó a gran parte de la ciudadanía a las calles un 18 de octubre del 2019, que fue el germen de  una revuelta popular que proponía un Chile más despierto, con dignidad y que culminó tristemente con el plebiscito recién pasado.

Hoy, muchos de los jóvenes que participaron en las manifestaciones siguen detenidos, las pancartas que se levantaron por personas de todas las edades en las manifestaciones del 2019 se desvanecen como sueños perdidos en un país que tras casi 50 años del Golpe Militar aún no alcanza la democracia plena.

El reclamo de muchos luego de la resaca electoral, es que exista una Ley de Medios ya que tras el plebiscito desfilaron en multiples plataformas los motivos por los que las personas se decantaron por una u otra tendencia y la desinformación fue la gran triunfadora.

Qué significa una Ley de Medios

No es algo nuevo. No es primera vez que se propone y se habla de ello en Chile o Latinoamérica, pero tras el triunfo del rechazo y el ataque a Cristina Fernández en Argentina, pareciera que por fin periodistas de ambos lados de la cordillera junto con usuarios de redes sociales clamaran por primera vez al unisono la urgencia de una Ley de Medios.

Una Ley de Medios es casi una quimera inalcanzable, el dorado de las democracias, ya que acabaría con la obscena concentración de los medios, la desigual repartición de la pauta publicitaria del Estado, la ausencia de un sistema de medios públicos y el hecho de que empresarios de cualquier rubro pueden comprar un canal de televisión o un diario y hacer de él un elemento más de propaganda en favor de sus intereses.

Ley de Medios
Foto: Eduardo Romero

El actual orden mediático no vela por el pluralismo y más cuando hemos sido testigos durante las elecciones, que quienes tuvieron mayor alcance a través de redes sociales y pautas publicitarias fueron quienes más invirtieron, es decir, los mismos grupos hegemónicos que concentran el poder .

Al respecto el Observatorio de Medios Fucatel es categórico. En una declaración pública señaló que “es falso que en Chile exista una oferta de medios con una diversidad de miradas».

Además, importantes organizaciones y tribunales internacionales han manifestado que es importante, ante la caída de la publicidad y el deterioro de los medios, que el Estado pueda generar fondos para potenciar a los medios de cualquier línea política, sin mermar la libertad de expresión y autonomía.

Desde hace algunos años, el Colegio de Periodistas ha definido como una de sus líneas de acción la consagración del Derecho a la Comunicación en la Carta Fundamental, para lo cual se haría necesaria una Ley de Medios.

El actual presidente, Danilo Ahumada, ha declarado que “en Chile existe una alta concentración de la propiedad de los medios de comunicación y carecemos de un marco regulatorio eficiente. Es una realidad que el espacio radioeléctrico no es infinito, por tanto, es importante democratizar esos espacios que son públicos.

Una Ley de Medios podría garantizar que los tres sectores de las comunicaciones: el privado- que es el que mayoritariamente existe en Chile-, el público- recordemos que en nuestro país no hay medios públicos y TVN no cumple esa figura-, y los comunitarios y territoriales puedan coexistir en similares condiciones.

Qué regula hoy a los medios en Chile

Actualmente, la ley que regula a los medios de comunicación y la prensa en general dentro del país corresponde a la Ley sobre Libertades de Opinión e Información y Ejercicio del Periodismo (Ley 19.733), publicada en 2001 y modificada por última vez en 2013.

En esta ley, entre otras características, se consagra la libertad de expresión -ya establecida como un derecho fundamental en la Constitución-, así como la de emitir opinión y la de informar sin censura previa; asegura la libertad de fundar, establecer, operar y mantener medios de comunicación social; y establece lo que son los medios de comunicación y quiénes son considerados periodistas.

Los medios de comunicación enfrentan momentos complejos actualmente. La “crisis de los medios” tiene una base económica, la cual ha mostrado la precarización de los trabajadores y trabajadoras de la comunicación a raíz de masivos despidos en los medios.

El mundo de la información y contrainformación está en crisis. Es un fenómeno global. Nos encontramos en un momento culmine que nos recuerda el poder del mundo digital, la globalización y la importancia de buscar otros puntos de vistas, diversificar editoriales  y voces para poder establecer una visión que nos genere amplitud y un pensamiento crítico.

Una sociedad es realmente democrática cuando se considera en equilibrio la libertad de información y de expresión. Cuando los y las ciudadanas tienen derecho a ser informadxs, por lo que es extraordinariamente importante el pluralismo.

Hoy, es crucial terminar con la concentración de la propiedad de los medios de comunicación social.

Más allá de la Ley de Medios

Volvemos a casa, a las reuniones y asambleas, a las luchas diversas, los estudiantes a las calles por una educación gratuita y de calidad, las mujeres se manifiestan contra la violencia y por derechos sexuales y reproductivos, los artistas por reconocimientos y estabilidad, los trabajadores de la salud por recursos que dignifiquen sus servicios, los profesores por trabajo digno y así un largo etc.

El 18 de Octubre y lo que prosiguió nos hizo soñar con un Chile despierto, unido e incluso invencible. Despertar del sueño se transformó en una resaca de las que te dejan desorientada, sin rumbo y sin ganas.

Ahora debemos seguir viviendo en un mundo que recuerda una película de humor negro, o una sociedad distópica, enferma o drogada…sin escapatoria. Finalmente, seguimos buscando una ruta, un camino, que ojalá nos conduzca a un encuentro y no a la soledad enfermiza que promueven el neoliberalismo, las redes sociales y el consumo.

 

@impure

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