El artista Vito Acconci estaba obsesionado con la expresión corporal. Le gustaba ver cómo un cuerpo ajeno se estremecía ante la amenaza de lo desconocido, la incertidumbre y el miedo.

Acconti solía realizar impensadas performances para la época que descolocaban a la audiencia y provocaban a sus objetos de perversión.

Acconci se metía a las exposiciones de cualquier museo y seguía a las personas sigilosamente como un acosador, pero mantenía una distancia obsesivamente prudente para hacer sentir amenazado a quien seguía, pero sin darle la posibilidad de ‘encararlo` y responder su morboso ‘ataque’, las personas se giraban, lo miraban…primero de reojo, luego directamente, pero Acconti no se detenía, seguía mirándolos fijamente, acosándolos, hasta hacerlos sentir mal e incómodos, estudiaba cada movimiento del cuerpo dejando que estos se metieran en su cerebro hasta lograr reproducirlos por su cuenta. A eso le llamaba arte.

Vito Acconci nació en el Bronx, en 1940. Desde pequeño admiró el cuerpo humano, pero a diferencia de Da Vinci, su ideal de “cuerpo perfecto” era más bien surreal y muy subjetivo.

En la dècada del ’70, cuando el Pop Art inundaba los espacios artísticos del mundo, Acconci decidió incursionar en la moda de la vanguardia con el performance corporal. Hizo de su cuerpo un lienzo que utilizaba prácticamente desnudo al igual que otras expresiones como la poesía en la que hacía versos concretos, en donde destacaba por sus amplios conocimientos del lenguaje.

Una de sus obras más conocidas es una en donde fue filmado haciendo ejercicio. Subía y bajaba de un taburete por algunos segundos, cada día con mayor facilidad, progreso que fue registrando en una tabla. ¿Cuál era su fin? Esa pregunta se hicieron sus espectadores y no obtuvieron respuesta.

En otra de sus presentaciones, mordió sus brazos y piernas formando figuras que después rellenaba con tinta y marcaba las figuras en un papel demostrando que el cuerpo no sólo era un lienzo, sino un pincel. Su fin era mostrar el cuerpo en acción, tan cotidianamente como suele ser.

«Si me especializo en un medio, estaría fijándome una base, una base de la cual tendría que desenterrarme, constantemente, ya que un medio fue sustituido por otro. Por lo tanto, en vez de dirigirme en torno a la “base”, cambiaría mi atención y la dirigiría en torno al “instrumento”, me enfocaría en mí mismo como el instrumento que actuó en cualquiera que haya sido la base, que de vez en vez estuvo disponible».

Su más provocativa y renombrada performance fue también considerada la más controversial: la llamó “Semillero” y consistía en postrarse debajo de una tarima de madera en la que se masturbaba sin que nadie le viera, pero sí le escuchaban, ya que a través de unas bocinas, él comenzaba a narrar sus fantasías sexuales y gozaba mientras los caminantes, desconcertados y ruborizados no sabían en dónde esconderse.

«Mientras más nos entrometemos en la persona del otro, menos somos una persona cada uno de nosotros para el público: no somos “personas” sino “representantes” (de un misterio, de un ritual de interacción, de una psicología…)».

Para Acconci todo lo que implicara relación con su cuerpo, era arte y por ello, incursionó en el diseño, la arquitectura y se dedicó a hacer muebles y decoraciones de interiores, y transformar espacios, puesto que en lo común habita el arte y si esto que es un artículo normal o de uso cotidiano, tiene contacto con un ser vivo y este a su vez reacciona y se expresa.

En los años 90’s  creó todo un colectivo dedicado a diseñadores, arquitectos y artistas, que se centraron en el espacio subterráneo entendiéndolo como una “celebración de la memoria“. Murió a los 77 años, el 27 de Abril del 2017.

Revisa aquí sus obras

Acconci

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