Cuando Man Ray y William Seabrook se conocieron ocurrió una explosión creativa que estalló en todas las direcciones. Una de las más polémicas y menos conocida es la producción fotográfica que representa fantasías bondage y  sadomaso y que ha servido como génesis del imaginario BDSM como lo conocemos hoy.

Man Ray

Man Ray conjugó todo un imaginario de perversiones que compartió con Seabrook, quien siempre se sintió atraído a partir de misterios antiguos, ritos nebulosos y creencias escabrosas por la cultura sadomaso. Motivo por el cual gestaron una colección de fotografías repletas de tabúes y fetiches que pocas veces se vieron con anterioridad.

La mente de los gestores de la polémica sesión

W.B. Seabrook (1884-1965) es un escritor norteamericano y periodista, amante del ocultismo, explorador y caníbal confeso. Su creación más trascendental para la cultura contemporánea fue escribir la primera novela de zombies de la historia. Además de ser partícipe de la construcción del vasto  imaginario sexual de todas las generaciones posteriores a través de la fotografía.

Ray, en tanto, es uno de los surrealistas más emblemáticos, realizó varias sesiones fotográficas  BDSM y de erotismo distópico durante los años 1920 y 1930, además de otros trabajos con diversas técnicas y soportes. Sus intereses estéticos estaban centrados en “lo primitivo” y “lo extraño”, pero no fue hasta su diálogo profesional e íntimo con el autor de The Magic Island que su producción tomó este vuelco de exploración de placeres hasta ese momento, no indagados.

Ray es el artista atormentado, el hombre que sufrió crudos abusos durante su infancia, fue sometido a duros castigos corporales, que lo llevaron a vivir una adultez marcada por el ensalzamiento del ego y una creciente afición por el dolor como sinónimo de placer.

Ray estableció una fuerte conexión entre vida artística y vida íntima. Éste fue el escenario para que las colaboraciones sadomasoquistas con Seabrook fueran de las más importantes y polémicas de su vida, pero probablemente, también las más estimulantes y reveladoras de su personalidad.

Una alianza de perversiones

La afición de Seabrook por la esclavitud no era un secreto, y tanto él como su ex-esposa, la escritora Marjorie Worthington, fueron francos en su autobiografía y sus memorias.

W.B Seabrook junto a la pareja de Man Ray, Lee Miller

Seabrook unió esfuerzos con Man Ray y su amada esposa Lee Miller para inmortalizar una serie de escenas y perversas imágenes de prácticas consideradas por su sordidez casi un delito.

Corría el año 1929, cuando Seabrook encargó a Man Ray una serie de fotografías de mujeres en cautiverio. Para ello, el escritor responsable del término zombie escribió:

«Tengo algunas ideas tentativas adicionales para llevar junto con la máscara negra; una túnica de sacerdote negro y un sombrero de pala con línea recta como las que se ven en la calle; oculto debajo de él, un corsé de reloj de arena con forma de avispa acabado en una tela brillante que parezca de acero pulido, o en un material de cuero negro para que coincida con la máscara. También botas o zapatillas con tacones fantásticamente altos (…) Llevaré a la joven a tu estudio por un rato a eso de las cinco y media de la tarde».

“Mis intereses abrazaron , además de la pintura , a la anatomía humana, tanto de hombres como de mujeres. He usado a mi hermano, a dos hermanas menores, y a compañeros de juegos casuales como conejillos de indias. Una niña ultrajada se quejó a su madre y he recibido una paliza, que casi me gustó mucho . [ … ] ¿Era ya un sádico o masoquista en ciernes?”

“Mi propensión a poner las cadenas en las chicas era de conocimiento común. Había cesado de hacer algún esfuerzo para ocultarlo. Era una anormalidad sexual, pero anormalidad en una sociedad decadente que perseguía las formas más inusuales de sexo retorcido”.

Tras conocer a la amante de Man Ray, W. Seabrook declaró:

“Cuando nos fuimos del lugar de la experiencia fotográfica, [ Lee Miller ] me dijo que había conocido a un hombre al que le gustaba azotar mujeres, que no era nada nuevo para ella. Tampoco para mí, pensé. Yo había azotado mujeres un par de veces…”

Cuando Man Ray conoció la perversión de Seabrook, supo que su afición por el sadismo se estaba abriendo a nuevas visiones, ideas y placeres perversamente retorcidos.

Impure

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