John Carney irrumpió en la gran pantalla con una propuesta disruptiva, emocionante y llena de honestidad. Corría el año 2007 cuando su nombre se volvió un referente para los amantes de la música que, visionaban por primera vez, una propuesta que ensalzaba la creación musical sin caer en la narración estereotípica de “una película cantada”.

John CarneyCarney tiene cara de bonachón y sus historias están llenas de guiños autobiográficos y simplezas hermosas que hacen inevitable sentir una concordancia entre la propia historia, la de los protagonistas de la pantalla y la vida del director.

Quizás por eso, es irremediable dejar que sus historias se te claven en los sentidos con más vehemencia que su nombre.

Sin embargo, no toda su producción cinematográfica está ligada  a la música, también ha dirigido películas como “Al Filo de la Navaja”, una muestra aceptable de su talento, aunque notoriamente inferior a las películas en donde hace gala de su pasión por la música y las historias de amor simples, con protagonistas comunes en escenarios comunes: Once, Begin Again y Sing Street.

Once: la historia de amor que conmovió al mundo y nos heredó a Glen Hansard

2007. Con un presupuesto de solo 180.000 euros, Once conquistó a espectadores, músicos y a la crítica.

El filme cuenta la historia de dos personas con historias comunes que coinciden en las calles de Dublín. Uno de ellos es el talentoso Glen Hansard, quien además de cantar en las calles, trabaja en la tienda de su padre restaurando aspiradoras. La historia de amor surge cuando aparece en escena Markéta Irglová, una mujer inmigrante con talentos musicales de academia que vende rosas en la calle para sostener a su familia.

Glen Hansard y Markéta Irglová en una escena de Once.

La historia los conduce a momentos de complicidad profunda que se traducen en  instantes en donde comparten sus más íntimas creaciones musicales a modo de confesiones personales. El surgimiento del amor es irremediable. Con una duración de 85 minutos esta historia nos habla de la vida, el amor real, tangible, bello y doloroso. La historia ganó un Oscar a la composición musical.

La belleza de Once radica en el rescate de la música como un espacio recurrente de salvación, como parte de las historias personales, al tiempo que rescata la odisea que viven la mayoría de los músicos del mundo para lograr grabar un disco. Una película imperdible si eres amante de la música.

Begin Again, cuando John Carney llegó a Norte-América

En Begin Again, Carney repite la fórmula de Once, pero esta vez la dirige a un público más amplio y contando con mayor presupuesto. Gretta (Keira Knightley) es una compositora que acaba de terminar su relación con una superestrella (Adam Levine) y en cuyo camino se cruza un productor de música venido a menos (Mark Ruffalo).

Mark Ruffalo y Keira Knightley en una escena de Begin Again.

Esta película es una crítica a la carencia de alma y de ideas de la industria de la música, y a la música prefabricada. A pesar de las muchas similitudes con Once, Begin Again tiene vida propia, es fresca y, musicalmente, es un regalo. Así lo demostró la nominación al Oscar que consiguió Lost Stars, el tema principal de la cinta interpretado por Levine, vocalista del grupo Maroon 5.

Sing Street: la vuelta a las raíces, la música como salva-vidas

La obra más reciente de Carney (que está disponible en Netflix) narra el momento de la vida de un grupo de adolescentes que deciden montar una banda. La historia transcurre durante los años ’80 y se transforma en un repaso a la música de la época, un grito de rebeldía y una dulce historia de amor.

El protagonista, Cosmo se enamora de una chica, y trata de convencerla de que salga en sus videoclips. Es un viaje de autodescubrimiento, de búsqueda de la verdadera identidad del individuo y una historia sobre el amor fraternal.

Escena de Sing Street.

Desenfadada pero profunda, consigue contagiar al espectador las ilusiones y miedos de toda una generación, dejando un buen sabor de boca y conectando con los sueños que todos tuvimos cuando adolescentes, con el espíritu rupturista, valiente y la fe de crear un mundo mejor.

La música como motor y detonante

Todas películas de John Carney  tienen patrones comunes que forman parte sin sonar repetitivos, más bien se transforman en un discurso necesario que permite observar el proceso creativo de los artistas y cómo sus vivencias, sus relaciones o sus influencias van dando forma a las obras finales. De un modo simple, sus creaciones se transforman muchas veces en fuente de inspiración y de retribución para las historias desconocidas de miles de músicos o artistas que viven vidas intensas sin ser reconocidos alrededor del mundo.

Todas las películas de Carney nos conectan con relaciones reales y profundas: historias de amor, amistad y familias que nos hacen cómplices de los protagonistas.

La música es motor, motivo, circunstancia, detonante y salvación: músicos ensayando, amigos cantando, caminar y escuchar música, producir, imaginar, compartir, la música está presente como escenografía así como en nuestras vidas y se vuelve el corazón de las historias.

Todas sus películas tienen un aire optimista aunque no todas las instancias sean de felicidad. Hay un rescate de la belleza de lo simple, lo cotidiano, lo que la historia universal y mediática abandona.

Como conclusión, podemos decir que las películas de Carney son como un álbum de música, en donde podemos oír una serie de canciones que se acoplan con acordes perfectos al ritmo de las historias de sus protagonistas.

Impure

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