El fotógrafo Drew Carolan es discípulo de los emblemáticos Richard Avedon y Bruce Weber y ha sabido conjugar su propia identidad con las enseñanzas de estos maestros.

Drew CarolanDrew Carolan tenía solo 26 años en 1983, cuando se embarcó en un viaje que cambió su vida para siempre junto al incomparable Richard Avedon.

Al estilo de los beatnicks, de los poetas y de los que buscan salir de lo convencional, decidió acompañar al  magistral fotógrafo de moda y retratos, en su icónica campaña para Versace, que involucraba un viaje por carretera que se convirtió en un hito en su vida profesional y personal.

Tras esto, Carolan pasó los siguientes veranos absorto trabajando como asistente en sesiones que más tarde se incluirían en In the American West, considerado uno de los trabajos más importantes de la historia de la fotografía.

Cuando Carolan regresó de su primer viaje al oeste con Avedon, y volvió a su barrio en New York, encontró más tribus de skinheads, esta vez congregados en la calle Bowery, en el exterior del CBGB.

Drew Carolan, los skinheads y los niños del hardcore

Corría el otoño de 1981 cuando Carolan vio por primera vez un grupo de skinheads, eran las 2 y media de la madrugada de un martes, caminaba tranquilamente por la Avenue A cuando divisó a unos skins cerca de Tompkins Square Park.

“Tenían como 14 o 15 años y lanzaban un frisbee mientras reían histéricamente, como si estuvieran en el recreo… Yo pensé, ‘¿Quién cojones son estos críos? Llevan un look fantástico. Quiero fotografiarles, pero debo pensar cómo”

Esa duda, acompañó a Carolan -nacido y criado en el Lower East Side – casi dos años de su vida, hasta que por fin, tras el viaje con Avedon pudo entender cómo sería el proceso de la captura de la esencia de Tompkins y el barrio que lo había visto crecer.

Así fue como Carolan decidió hacer lo que había hecho Avedon en su viaje por el Oeste: pegó un gran pedazo de papel blanco al costado de un edificio situado frente al mítico CBGB y se dedicó pacientemente a interceptar a los chicos que se dirigían a los eventos diurnos del local para luego fotografiarlos con una Rolleiflex de formato medio.

La esencia del CBGB: más que un club de música

Como es sabido, a principios de los 80, los skinheads de NYC no estaban vinculados a la extrema derecha ni a las ramificaciones racistas que hoy en día han dañado esta subcultura.

Sólo diez años antes, ese desgastado local  había incubado la prometedora escena punk de la ciudad y del mundo con presentaciones en directo de Ramones, Blondie y Patti Smith.

En  los ‘80, se había transformado en un club al que era imposible acceder cuando caía la noche, sin embargo, todas las tardes de los sábados, el “CB’s” ofrecía conciertos para todas las edades destinados a una nueva tribu punk: los chicos hardcore.

Cada fin de semana, Skinheads, punks y chicos escapados de sus casas procedentes de todas las regiones del este descendían hasta el CB’s para ver intensos directos de Agnostic Front, Cro-Mags, Murphy’s Law, Reagan Youth, 7 Seconds, Minor Threat y muchísimas otras icónicas bandas.

El CBGB se transformó en una incubadora cultural, una vía de escape a la realidad, una respuesta creativa a la ira, al dolor de la existencia y un muro que separaba la esencia vibrante de la juventud de la descarnada, intolerante y cruda realidad.

Impure.

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