El ciclo de cine chileno de Quilpué Audiovisual cierra este 29 de octubre en el Teatro Municipal de San Felipe con El lugar de la otra y Matapanki. Una excusa para hacer lo que el sistema no quiere: sentarnos a oscuras dos horas sin producir nada.
Un jueves a las tres de la tarde se supone que estamos trabajando. Respondiendo correos, cerrando una planilla, mirando el reloj del computador mientras el corazón quiere correr hacia algún lugar más placentero.
Un jueves a las tres de la tarde, en San Felipe, alguien va a apagar las luces de un teatro municipal y vamos a quedarnos quietas mirando una pantalla que, por una vez, no nos pide nada a cambio.
La relación con el cine es de las pocas que se mantiene tan pura como la primera vez que entramos a una sala. Alguien puede comprar la entrada por nosotros o hacerlo en efectivo y podríamos pasar desapercibidas para los rankings de los datos de consumo. El cine sigue respetando nuestro anonimato.
Nos han enseñado que el ocio es un premio, hay que ganarse el descanso, la chela, el recreo. Primero la productividad, después, si sobra, el descanso, que en realidad es una pausa para volver a producir mejor.
Hasta el panorama del fin de semana para muchos tiene que ser fotografiable, compartible, rentable en algún sentido.
Paul Lafargue, ese cubano yerno de Marx, escribió El derecho a la pereza en 1880 y todavía no se ha popularizado lo suficiente.
Extracto del derecho a la pereza
¿Desde cuándo descansar es una forma de desobediencia? ¿Quién decidió que mirar una película en la tarde de un día hábil es perder el tiempo?
El cine en sala es una de las pocas experiencias frente a una pantalla donde el dedo no se desliza.
Nadie puede adelantar. Nadie puede saltarse la parte lenta. Hay que aguantar el silencio, la escena que incomoda, el plano que dura más de lo que el algoritmo nos tiene acostumbradas a tolerar. Y hay otros cuerpos al lado respirando, riéndose a destiempo, alguien que llora bajito en la fila de atrás. Eso que en el Cuaderno breve llamamos miramiento ocurre ahí, a oscuras, entre desconocidos.
Por eso nos importa que el cine llegue a comunas sin salas. San Felipe no tiene un multicine donde elegir entre veinte estrenos gringos, y quizás por eso mismo el gesto se vuelve trascendental: un centro cultural de Quilpué cargando películas chilenas por la región, con fondos públicos que cada año alguien amenaza con recortar, para que una señora del barrio, un cabro de liceo, un jubilado, se sienten juntos a ver cómo se ve este país desde otra parte.
Dos películas que dicen mucho de ese país.
A las 15:00 va El lugar de la otra, de Maite Alberdi. Santiago, 1955.
La escritora María Carolina Geel le dispara a su amante en el Hotel Crillón, y Mercedes, una secretaria del juzgado, se obsesiona con ella. Con su departamento, su ropa, su soledad elegida. Geel escribió Cárcel de mujeres desde la cárcel, y Gabriela Mistral pidió su indulto. Alberdi no cuenta un crimen: cuenta lo que pasa cuando una mujer mira a otra que se salió del molde y descubre que el molde también la aprieta a ella. Una película sobre el cuarto propio, setenta años después, en un país donde todavía hay que pelearlo.
A las 18:00, Matapanki, de Diego “Mapache” Fuentes.
Un punk, un trago raro, superpoderes que se activan con alcohol, el presidente de Chile muerto por accidente y el mundo entero en contra. Así de desbocado. Así de chileno. Pasó por la Berlinale y se llevó una mención especial del jurado, cosa que nos da risa y orgullo al mismo tiempo: un punk curado salvando y destruyendo el mundo, aplaudido en Alemania. Al final de la función se rifa un afiche oficial entre quienes se queden al conversatorio.
Dos películas que no se parecen en nada. Una contenida, de vestidos planchados y miradas que se aguantan. La otra, puro ruido y desborde. Las dos hablan de gente que genera un quiebre con la realidad.
No sabemos si el arte sana. Probablemente sea solo la chispa que nos secuestra de lo cotidiano. Pero hay algo en salir de una sala con los ojos todavía acostumbrándose a la luz, sin haber producido nada, sin haber rendido nada, que se parece bastante a sentirse libre y nos invita a ver el mundo con nuevos ojos.
Este jueves, faltar un rato también es una forma de estar.
El dato
🎬 Cierre del ciclo de cine chileno de Quilpué Audiovisual
📍 Teatro Municipal de San Felipe
📅 Jueves 29 de octubre
15:00 — El lugar de la otra (Maite Alberdi)
18:00 — Matapanki (Diego “Mapache” Fuentes) + conversatorio y rifa de afiche oficial
Organizan Centro Cultural Quilpué Audiovisual y Municipalidad de San Felipe, con apoyo del Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras 2026 del Ministerio de las Culturas.
Más info: quilpueaudiovisual.cl · @ccquilpueaudiovisual