Seguimos El Rumbo de los Silvestres con Naara y el trío Andariega

En un mundo adicto a la instantaneidad, donde se busca el chute adrenalínico a través de medios, drogas, relaciones, fantasías e incluso musicalmente con un ritmo repetitivo y letras de fácil asimilación, el Rumbo de los Silvestres ofrece un camino alternativo, un viaje que tuve la suerte de querer recorrer.

Naara

Había escuchado antes a Naara a través de plataformas como spotify. En directo, sólo había oído su voz en conversaciones, un sonido único que tiene un sonsonete de otras tierras, con olor a bosque y una pastocidad que advierte las hebras musicales, territoriales y de conjuros, que le dan forma a sus composiciones.

¿Podríamos hablar de que su música es contra el poder? creo que sí, que el poder hoy consiste en desinformar, en distraer, en tanto, su propuesta invita a reflexionar, a volver al paisaje, a mirar hacia dentro, a cuestionar e incluso a recorrer otras cosmogonías.

Existe honestidad y transparencia en sus letras, pero también una secreta ambición de establecer una nueva sonoridad en un circuito que acostumbra a apostar por una fórmula segura.

La cita era un jueves, en un espacio del barrio Bellavista, una casona con un nombre antiguo que también reflejaba un salto en el tiempo. El Mesón Nerudiano me invitaba a recordar un barrio que tenía otro ímpetu en los ’90, donde alguna vez carreteó Robert Fripp de King Crimson y que alojaba lecturas poéticas, donde también vi a unos jóvenes Lucybell y se reunían poetas que admiraba.

Tuve que pasear por una calle en donde la oferta era reggaetón y papas fritas. No había espacio para la nostalgia y sentí mucha desolación. Quizás también, me voy haciendo mayor, y mis poetas ya no ocupan las sillas de los bares y me he vuelto sensible a los aromas, a la locura, al paisaje sucio que revela el rincón borracho, pobre y juvenil de la sociedad.

Esperé en la entrada a otros comensales: los padres y el hermano del músico y sonidista Jorge Fortune. Habíamos reservado una mesa y nos sentamos a conversar.

De esa instancia, me quedó dando vueltas una afirmación que hizo uno de los presentes y era que él podía saber quiénes eran sus amigos, que si alguien se entregaba a un grupo honestamente, no debía pensar que esas personas eran sus amigos, porque si cambias de escenario, de trabajo, de vida, dejarán de encontrarse.

En ese momento, sólo me importaba el gin que me habían servido, pero pensé que si uno piensa así, deja de ser original y auténtico en la entrega. Sentí que era un privilegio el vicio de abrazar, besar, enamorarse de la gente que se conoce en una noche cualquiera por instancias coincidentes. En definitiva, saber honrar el presente.

Quizás es un regalo sentirse libre de amar a todos, sin importar si mañana recuerdan tu nombre, huir de los espacios comunes, cultivar ausencias…

Así es la música de Naara, un espacio desafiante con un territorio propio sin tiempo. La podrás escuchar en veinte años más y te seguirá provocando un estremecimiento en el alma, como si una voz dulce te estrujara el corazón enterrándote las uñas para desafiar tu existencia.

La genealogía de un territorio personal.

Una voz que habla de cuchillos de plata, ríos, guitarras, pecho, piel y pan. El rumbo de los silvestres suena como un relato que escribe y propone una nueva poética geográfica, en donde el sentir de la autora se hermana con el sentir de la Tierra.

Suben los músicos al escenario: Jorge, Andrés y Naara, tras la lectura de un poema de Teresa Calderón. Hace años no veía sólo tres músicos en escena que llenaran tanto el espacio.

Me acordé de Tryo, su potencia brutal y la belleza descarnada de sus presentaciones. Ahí estaban estos tres músicos, tres músicas, tres acordes, tres corazones, vestidos de negro, permeando en nuestra inocente entrega de oyentes, dispuestos a cambiar el ritmo de nuestros latidos.

Historias, memorias, poesía, la otredad, la armonía en afinaciones irregulares transformada en una apuesta por lo que sale del alma.

Para ser artista hay que ser valiente y Naara tiene coraje para vivir una vida y una historia ajena a cualquier imaginario posible para quienes crecimos en la ciudad.

Voces armónicas que sacan lágrimas si te pillan desprevenida, personalidades aterrizadas en el barrio que ya pocos recuerdan, texturas melódicas que estremecen la existencia para volver a casa con el alma renovada y también angustiada, porque hay un llamado a la memoria, al rescate de lo que hemos sido y un cuestionamiento sobre lo que seremos.

Puedes escuchar el trabajo de Andrés Guerrero, Jorge Fortune y Naara Andariega en el Rumbo de los Silvestres aquí:

@AndreaPeña

@ImpureMagazine

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