Hacer comunidad en tiempos de híperindividualismo es revolucionario. Hacerlo en torno a los vinos naturales de pequeños y medianos productores del Itata, en momentos en que salen al mercado insólitos vinos sin alcohol, crea patrimonio cultural y memoria social. Esto es lo que, desde hace 9 versiones, viene empujando con fuerza un grupo de viticultores de Ñuble y Biobío: poner en valor no solo comercial, sino también culturalmente, brebajes “limpios y sanos”, libres de agroquímicos, con un uso nulo o reducido de sulfitos, obtenidos de una vendimia a mano, como se ha hecho toda la vida en los campos de esta zona, y que poco a poco han ido ganando terreno en las mesas familiares de domingo y en restaurantes que buscan diferenciar sus cartas.

Con sus primeras ediciones en la zona de Ranguelmo (Coelemu), desde 2023 Harinaos del Sur está itinerando por Concepción para acercar estos brebajes a paladares que poco a poco se van adentrando en la sutileza, el burbujeo, la liviandad o la intensidad de los vinos que no tienen en su etiqueta una casa patronal del siglo XVIII, pero que sí se originan en parras de 300 años, las más antiguas de Chile, y que en cada metro cuadrado, en cada hectárea, producen aromas, texturas y colores diferentes.
La edición 2026 se realizó el sábado 12 de septiembre en la cafetería y galería de arte Casa Minga, ubicada en el Barrio Universitario de Concepción. Una apuesta total por parte de las y los organizadores, que pensaron en continuar con el formato original, al aire libre —bastante jugado pensando en el clima variable de Tropiconce—, mezclando vinos, café, música, artes y oficios, gastronomía y ambiente familiar.
Uno de los fundadores de Harinaos del Sur es Giuliano López, cocinero y propietario de Borra Bar de Vinos, en Guarilihue, y de Brett, en Concepción, quien comenta que, junto a otros inquietos, liderados por la viticultora y productora australiana de vinos naturales Alice L’Estrange, armaron este grupo para mostrar los productos más limpios de Itata y Biobío.
“Esta edición es diferente, es más pequeña y por lo mismo más íntima, lo que también es positivo porque vamos rotando a los productores. La respuesta de la gente es atrevida, quieren probar vinos distintos y tenemos muy buena recepción. La gente hoy busca vinos frescos, sin químicos, y esa es la apuesta de Harinaos”.
La Basilona, Bodega Cauac, Vinos Mingaco, Viña Raíces de Chintu, La Balsa de Itata, Vieja Parra, Viña Doña Luisa, Lakura Wines, Agrícola La Guardiana, Vinos Jorge Cotal y Agrícola Macatho fueron los convocados a esta edición. Desde San Nicolás, la productora de Agrícola Macatho, Macarena del Río, explica que los vinos naturales son más que una moda:
“Este es un movimiento, una manera de vivir que invita a preguntarse de dónde sale lo que tomo, lo que como, qué tan fresco es, cuál es su origen y cómo fue cultivado y trabajado. Acá lo que nos une es hacer vinos con un solo ingrediente, que es la uva”.
Y es que hacer vinos naturales, cuando la oferta y variedad a nivel mundial crece en la ironía de la baja histórica del consumo de alcohol y específicamente de vinos, la renovación de la imagen y el carácter de las zonas vitivinícolas es, precisamente, una bandera de resistencia de las comunidades locales, y lo hacen de la mano del ímpetu de una nueva generación de hombres y mujeres profesionales. Al rescate y puesta en valor de las tinajas se suman también las cacerolas de los gastronómicos de la zona, como el chef y propietario de Ramal Restaurante, Carlos Gutiérrez.
Ubicado en la comuna de Coelemu, Ramal apostó por una cocina de temporada, elaborada con productos locales y acompañada por vinos del Itata. Su cocina también es parte de Harinaos del Sur.
“Tenemos una cava con vinos naturales e intentamos maridar nuestra carta con cada uno, así que define nuestra identidad. Esperamos que con este tipo de eventos la gente conozca y aprenda sobre los vinos naturales, que son buenos, que no es necesario que todo tenga químicos y que acá en Itata y Biobío una misma cepa todos los años es distinta, y que se potencia con platos territoriales como los que hacemos nosotros”.
La respuesta de los penquistas a la novena edición de Harinaos del Sur, donde el vino se prueba en pituca, como se hace en el campo, fue positiva. Casa Minga recibió a entusiastas parroquianos y parroquianas en una jornada privilegiada para beber vinos frescos a la sombra de los árboles que rodean el frontis de esta cafetería. Un lugar que, además de ofrecer café de especialidad, desayunos, onces y almuerzos, desarrolla talleres de distintas artes y oficios, y mantiene muestras rotativas de pintura, fotografía y grabado local.
Daniela Araneda, gestora de la cafetería, abrazó la propuesta de los vinos naturales y la hizo propia.
“Casa Minga es de oficios y producir vinos naturales es un oficio que debemos potenciar y proteger, no queremos que se pierda. Albergar lo propio, lo patrimonial sin duda es parte de lo que queremos fomentar desde Casa Minga, así que estamos muy felices con esta alianza”.
Para quienes no pudieron asistir a esta versión, pueden informarse de próximas ediciones al aire libre y en el territorio de Itata a través de su espacio en Instagram, @harinaosdelsur. Y recuerden queridos lectores de El Sofrito, “sin copa, sólo pituca”.


