Vanesa Bravo: «venía del rock progresivo y me quedé con el jazz»

Una imagen: Una joven delgada, cargada de una gran fuerza interna, sostiene un contrabajo mientras canta «No te regalé un último nanai» o «Dilo calladito.» Está acompañada por dos jóvenes con quienes la conexión es evidente: Lalo Garrido (piano) y Nicolás Soto (batería), amigos del liceo, amigos de la vida y compañeros en la música.

Durante 2024, Vanesa Bravo se presentó en Valparaíso en tres ocasiones. La primera fue en el Festival Maniobra de Jazz, celebrado en el Parque Cultural para conmemorar los 100 años del jazz y rendir homenaje a Pablo Garrido.

Las dos presentaciones restantes tuvieron lugar en diciembre: una en Estrella Negra, un local que busca consolidarse como un Club de Jazz, y la otra en Rockódromo, en la Plaza Sotomayor, donde este año se sintió el hambre de jazz en la ciudad porteña.

Vanesa Bravo, quien primero exploró el mundo del folclore, luego incursionó en el rock progresivo y hoy es parte de la historia del jazz en Chile. En el jazz, fue parte de la banda All Jazzera, liderada por Lalo Garrido, y más tarde formó Vanesa Bravo Trío, con el que lanzó su álbum Más o Menos en 2023. Proveniente de la región del Maule, ha trazado su propio camino en un mundo donde abrir puertas no es fácil. Con determinación, ha logrado forjar su propia escena, destacándose en el jazz con influencias del folk, swing y bolero, y un valioso repertorio de composiciones propias.

Tras salir del liceo, se mudó a Valparaíso para estudiar guitarra eléctrica en la Universidad de Valparaíso. Estuvo allí un par de años antes de completar sus estudios en Santiago.
«Por ahí tuve unas bandas, pero, en realidad, cuando estás estudiando no puedes tocar tanto porque tienes que enfocarte en la carrera. Es paradójico», reflexiona. Finalmente, se trasladó a Talca, donde estudió contrabajo en la Universidad de Talca.

D: ¿Podrías contarnos sobre tus orígenes y cómo influyeron en tu manera de ser y en tu expresión musical?

Vanesa: Nací y crecí en Talca. Mis padres son de la séptima región, pero del campo. Mi papá es de la cordillera de la costa del Maule, y mi mamá, de la precordillera. Ambos se mudaron a Talca siendo jóvenes, para estudiar, y fue allí donde nací yo. Desde pequeña, me interesó mucho la música. En mi casa había una guitarra que mi mamá compró para aprender, pero como le dolían los dedos, la dejó de lado y yo empecé a tocarla.

En primero o segundo básico llevaba la guitarra a mis clases de música. Le pedí al profesor que me enseñara, y empecé a tocar a los siete años. A los nueve, ingresé a la Escuela de Cultura y Difusión Artística (ahora Liceo Artístico). Allí estudié música, especialmente música popular, y me formé en folclor, con repertorio de Violeta Parra, Víctor Jara, Inti-Illimani y otros grandes de la música latinoamericana. Para quinto o sexto básico ya estaba tocando en presentaciones semanales. Fue en esos años cuando comenzó a formarse mi oficio como música.

D: ¿Qué impacto tuvo en tu vida y en tu música vivir en Valparaíso y Santiago?

Vanesa: ¡Muchísimo! En Valparaíso conocí varias agrupaciones que hasta hoy admiro, como los Cola de Zorro, que eran un par de generaciones mayores que yo. La universidad en Valpo me dio un mayor entendimiento de la escena nacional, especialmente de la contracultura, algo que no encontré en Santiago. Había una vibra muy experimental: música con ruido, psicodelia, rock mezclado… todo muy loco. Eso me abrió la mente a nuevas fusiones musicales.

En Santiago, en cambio, las escuelas de música estaban más enfocadas en el mercado. En Valparaíso, los artistas eran más arriesgados; incluso las bandas tenían elementos de performance.

D: ¿Ya tenías interés en el jazz antes de llegar a Valparaíso?

Vanesa: Sí. Empecé a estudiar jazz en Valparaíso con Carlos Araya, quien fue mi profesor. Allí me adentré en el jazz tradicional, especialmente el swing. Aunque en la enseñanza media tocaba cosas más modernas, como Herbie Hancock, Valparaíso me conectó con las raíces del género.

Vanessa Bravo

D: ¿Cómo surgió tu conexión con el contrabajo?

Vanesa: Siempre me llamó la atención. En 2009, Esperanza Spalding ganó un Grammy como artista revelación. Me voló la mente porque, además de ser contrabajista, canta. Fue un momento revelador. Pero no tuve acceso a un contrabajo hasta 2016, cuando estudiaba en la Universidad de Talca. Allí comencé a tocarlo poco a poco hasta que, con la ayuda de un amigo, me preparé para hacer el cambio y estudiar contrabajo clásico.

El contrabajo clásico fue un gran desafío: estudiar técnica de siglos de tradición, tocar en una orquesta… Fue como el «servicio militar» de la música. Pero esa disciplina me formó muchísimo.

D: Tu admiración por mujeres del jazz es evidente. ¿Cómo fue interpretar a Cecilia la Incomparable?

Vanesa: Cecilia es un ícono. En mi casa se escuchaba mucha música popular femenina, y desde pequeña admiré a intérpretes carismáticas. Cecilia es única: su fuerza interpretativa, su dominio escénico, su capacidad de romper con los roles tradicionales… Es una inspiración enorme.

D: Tu álbum Más o Menos es un reflejo de todo este proceso. ¿Qué nos puedes contar de él?

Vanesa: Más o Menos tiene ocho temas y comenzó a gestarse en 2016, justo cuando empecé a tocar contrabajo. Las letras son de Mariana Riquelme, una amiga de infancia que estudió artes visuales. Su obra, muy conceptual y organizada, me inspiró muchísimo. Juntas creamos un trabajo que combina mis raíces musicales y mis exploraciones más recientes.

 

Por Deborah Zurita @zuricatah

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