El gobierno de Donald Trump ha decidido hacer un espectáculo más de su desprecio por la cooperación internacional: anunciar su salida del Consejo de Derechos Humanos de la ONU… cuando ni siquiera era miembro. Un gesto vacío pero revelador de su postura frente a la defensa de los derechos fundamentales.
Amanda Klasing, de Amnistía Internacional, no se guardó palabras:
“Este anuncio es solo la última demostración del total y flagrante desprecio de Trump por los derechos humanos y la diplomacia internacional, incluso si eso va en contra de los propios intereses de Estados Unidos.”
Mientras el mundo enfrenta crisis humanitarias y violaciones de derechos humanos, Washington prefiere no estar en la mesa donde se toman decisiones globales. ¿Estrategia o simple desinterés? Para Trump, parece más atractivo hacer una salida dramática que comprometerse con el trabajo real de protección y promoción de los derechos humanos, incluso dentro de su propio país.
El Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con sus fallas y contradicciones, sigue siendo un espacio donde se exponen abusos, se investigan crímenes y se exige rendición de cuentas. Pero Estados Unidos ha decidido que es mejor dejar ese trabajo en manos de otros.
Este no es solo un portazo al Consejo, sino una declaración clara: a Trump no le interesan los derechos humanos, ni los propios ni los ajenos.
Con información de Amnistía Internacional

