Hay conciertos que te entretienen, otros que te conmueven y algunos —muy pocos— que te invitan a repensar la existencia y mirar el contexto global desde una distancia crítica. Lo que Massive Attack ofreció en el cierre del Fauna Primavera 2025 fue eso: una ceremonia lúcida, una revelación colectiva, un acto de conciencia hecho sonido.
Desde el primer compás de “In My Mind”, reinterpretando el clásico de Gigi D’Agostino, el aire se volvió materia. Espeso, vibrante, eléctrico. No era un remix, era una relectura del presente: un manifiesto sobre la alienación moderna.
Los de Bristol deforman la nostalgia, la reconfiguran y la devuelven como espejo: nos ponen frente al ruido cotidiano, al vértigo de existir entre pantallas, algoritmos y guerras que vemos en HD pero no sentimos en carne viva.
Cada tema fue un descenso hipnótico
“Risingson” surgió desde lo subterráneo, como si algo antiguo despertara bajo nuestros pies. Y cuando Horace Andy entró en escena, el aire se llenó de devoción.
Su voz, ese rezo laico que lleva siglos en su garganta, se convirtió en un mantra: frágil, sabio, profundamente humano. En “Girl I Love You”, Andy no canta: exorciza.
Capas electrónicas que respiran, sintetizadores que exhalan, bajos que laten como corazones mecánicos. No hay artificio, no hay exceso. Cada frecuencia cumple un propósito espiritual.
Una alquimia como un ataque masivo
La aparición de Elizabeth Fraser fue un hechizo. En “Black Milk” y más tarde en “Song to the Siren”, la mítica voz de Cocteau Twins suspendió el tiempo. Hay algo casi insoportable en su belleza: esa pureza que no busca agradar, sino revelar. Su canto flota sobre un océano de sombras, acompasando sus respiros al silencio de nuestra alma.
Robert Del Naja (3D) asume la otra mitad del rito: el del activista sonoro. “Take It There” y “Future Proof” fueron puñetazos visuales y políticos.
En las pantallas, el horror del mundo: Palestina, Sudán, el Congo, los incendios, los algoritmos. Los nombres de los poderosos, las cifras del hambre.
Todo proyectado con precisión quirúrgica. No como acompañamiento, sino como denuncia. La banda no adorna su música con política: la política es su ritmo.
En “Inertia Creeps”, la masa fue hipnotizada. Esa percusión reptante, tribal, casi carnal, se sintió en los cuerpos como una pulsación de deseo y desesperación. Luego vino “ROckwrok”, homenaje a Ultravox, puente entre el post-punk y la electrónica.
Y “Angel”, esa plegaria hecha bajo, esa mezcla de furia y fe que condensa la espiritualidad del trip-hop. Andy, en escena, parecía un chamán de la era digital, transformando el dolor en luz, el beat en respiración.
Cuando Deborah Miller tomó el micrófono, la emoción cambió de temperatura. En “Safe From Harm” y “Unfinished Sympathy”, la voz se volvió refugio que abraza y canta desde lel dolor, pero también desde la ternura.
La euforia transformada en duelo.
“Unfinished Sympathy” no envejece. Es la prueba de que hay canciones que no pertenecen al tiempo, sino a la emoción. Miller la encarnó como una plegaria: el amor resistiendo al colapso, la compasión vibrando entre las frecuencias graves.
Las pantallas mostraban rostros, oficios, etiquetas. La crítica era clara: en el capitalismo tardío, hasta la identidad es mercancía.
“Levels”. El hit de Avicii despojado de su brillo EDM, convertido en elegía. Un himno fúnebre para una generación que confunde conexión con presencia. En manos de Massive Attack, la pista se volvió cementerio de la hiperconectividad.
“Group Four / In My Mind” y, finalmente, “Teardrop.” Fraser regresó como una diosa cansada. Su voz, una lágrima suspendida en el aire. No hubo espectáculo, solo comunión. La multitud en silencio, contenida. Y cuando cayó la última nota, lo que quedó fue algo que no se aplaude: se respira.
Massive Attack no vino a entretener. Vinieron a recordarnos lo que el capitalismo intenta borrar: que sentir aún es posible. Que pensar puede ser un acto estético, y que el arte, cuando se niega a ser complaciente, sigue siendo una forma de libertad.
En un mundo donde la música se ha vuelto fondo, ellos siguen siendo forma.

