Plebiscito Chile: Pierde terreno la ultraderecha y el resultado parece una ridiculez

Había una vez un país que soñaba el cambio. El plebiscito que se acaba de realizar en Chile hizo que todos los ciudadanos, vía sufragio obligatorio, votarán entre una propuesta constitucional impulsada por José Antonio Kast representante del partido republicano y la ultraderecha o, seguir con la actual constitución diseñada durante la dictadura de Augusto Pinochet.

La ultraderecha no logró imponerse, pese a desarrollar una campaña que ponía en el centro el miedo y la seguridad, promoviendo la expulsión de migrantes y dotando de mayores facultades represivas a carabineros.

Si bien, el resultado resta terreno y capital político a una ultraderecha que buscaba imponer una nueva constitución de corte neoliberal que proponía, sin escrúpulos, constitucionalizar las AFP, las ISAPRES-estándares de la privatización- restringir el derecho al aborto en tres causales y reforzar los principales pilares de la herencia de la dictadura militar, el sabor del resultado es altamente amargo:

Chile sigue bajo una constitución desarrollada en dictadura y perpetuada con ajustes por presidentes de centro, quienes no propusieron cambios radicales debido a la necesidad de salvaguardar los derechos del empresariado nacional y las regalías económicas para figuras políticas.

-En la agenda política aún no queda claro cómo se abordarán las principales demandas que se reclamaron durante la revuelta social del 2019: reformas a los sistemas de salud, educación y pensiones.

La revuelta social que desencadenó este hito democrático, parece un absurdo: se sacrificó la vida, la libertad, los ojos, los sueños y la esperanza de cientos de jóvenes chilenos y como resultado se obtuvo la impunidad para los delitos de DDHH, el respaldo de las leyes ante el abuso policial y un modelo constitucional intacto. 

Un poco de memoria reciente

Los últimos 4 años el país ha intentado cambiar la Carta Magna, desde que se presentó como una alternativa para resolver las tensiones provocadas por la inconformidad ciudadana manifestada en el estallido social que comenzó en octubre de 2019.

Esta idea dio como resultado un plebiscito en el que 80% de la población votó a favor del cambio constitucional por medio de una Asamblea Constituyente.

Es decir, que la nueva Carta Magna fuera escrita por ciudadanos que representaran los dolores, preocupaciones y propuestas que surgían desde organismos sociales y civiles.

plebiscito
Fotografía Juan José Hauva- Revuelta de Octubre -Chile 2019

El proceso causó curiosidad global, al ser visto como una innovación que marcaba un camino posible sobre cómo atender las demandas sociales a través de mecanismos democráticos.

Pero el primer intento, fracasó en septiembre de 2022, cuando un 62% votó «rechazo» a una propuesta y un proceso en donde las fake news y la desinformación fueron las protagonistas del plebiscito.

¿Y ahora qué?

Tras las elecciones, el presidente Gabriel Boric señaló que durante su mandato no se llevará a cabo un nuevo proceso constitucional, argumentando que las urgencias del país y su programa, son otras.

“El proceso constituyente estaba destinado a traer esperanza y finalmente ha generado frustración y hasta hastío en una parte relevante de la ciudadanía y eso no podemos ignorarlo” (Gabriel, Boric).

Sin embargo, creemos que es necesario poner en el centro de la discusión política las demandas  populares consensuadas en la revuelta del 2019: salarios, salud , educación y pensiones dignas y de calidad.

La mayoría de Chile salió a las calles bajo el lema: Hasta que la dignidad se haga costumbre. Sin embargo, hoy nos vemos como niñxs engañados que observan la instrumentalización de demandas que surgieron desde la ciudadanía sin colores políticos y que de un modo inédito, nos unían bajo una búsqueda común.

Se habla de que Chile amaneció menos polarizado. Creo que hoy somos un país más desilusionado, menos ingenuo, donde nadie es feliz.

Seguiremos siendo el país latinoamericano más alcohólico, más depresivo y con más sobrepeso porque la evasión de la realidad que nos caracteriza, es la única vía que conocemos para soportar el modelo neoliberal.

Un modelo que seguirá instalado mientras el pueblo sienta que no puede cambiar nada, aunque muchxs se jueguen la vida en ello.

@impure

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