En un mundo cada vez más dominado por figuras como Donald Trump y aliados de su misma órbita como Elon Musk, las mujeres, infancias y disidencias se enfrentan a un futuro lleno de incertidumbre y vulnerabilidad.
El avance de los discursos ultraderechistas, especialmente aquellos racistas y antiderechos, han encendido las alarmas de las organizaciones feministas y activistas de todo el mundo.
No es una coincidencia que la retórica de la ultraderecha se enfoque de manera tan agresiva contra los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres.
La criminalización del aborto, los retrocesos en el acceso a la salud sexual y reproductiva, y los discursos que deshumanizan a las mujeres migrantes han hecho eco en gobiernos de diversos países, incluidos Estados Unidos, Brasil y varios países de Europa.
Lo que en un principio parecían ser episodios aislados, hoy constituyen una peligrosa ola de retrocesos que se entrelazan con la retórica xenofóbica y patriarcal que busca restaurar, bajo una falsa promesa de «grandeza», sistemas de control rígidos sobre nuestros cuerpos y libertades.
El riesgo en la concentración de poder que representan Trump y Musk.

Es urgente entender que esta alianza, permite un tipo de influencia que va más allá de la política: Musk, con su dominio sobre los medios de comunicación a través de X, CNN, etc. y Trump, con su intento de modelar la narrativa política en su beneficio, configuran un panorama donde las voces disidentes, especialmente las de las mujeres y las minorías, quedan silenciadas en el espacio público.
A medida que las redes sociales y las plataformas tecnológicas se convierten en los nuevos campos de batalla de la política, la manipulación de la información y la creación de narrativas falsas se convierten en herramientas peligrosas para socavar la democracia y la libertad de expresión.
El colapso de la democracia está cada vez más ligado a la posibilidad de concentrar el poder no solo en los gobiernos, sino también en las manos de unos pocos magnates que controlan grandes plataformas mediáticas y tecnológicas.
Musk y otros millonarios ególatras globales de este calibre se erigen como actores con el poder de transformar la realidad a su conveniencia, moldeando la opinión pública y, al mismo tiempo, consolidando su control sobre las economías y sociedades globales.
El crisol de poder del Estado, los medios, el dinero y la tecnología no sólo coloca en peligro a las democracias, sino que, en este caso, coloca en una posición de vulnerabilidad a las mujeres.
Este sistema de control refuerza estereotipos de género, alimenta el odio y promueve un retroceso en los logros alcanzados en materia de derechos sexuales y reproductivos.
El riesgo para los derechos de las mujeres y disidencias
En un mundo donde el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos está siendo constantemente atacado y cuestionado, la autonomía de las mujeres se ve amenazada por una maquinaria de poder que intenta despojarnos de nuestras libertades más fundamentales.
Para las mujeres, especialmente aquellas que han sido históricamente oprimidas y marginadas, este panorama no es solo una amenaza. Es un llamado de alerta urgente.
Ante la concentración de poder, ante la voz retumbante de aquellos que desean regresar a un pasado de subyugación, nos queda la resistencia.
Nos queda la movilización feminista, nos queda la fuerza colectiva de todas aquellas que, como nos ha enseñado la historia, no temen alzar la voz. Nos queda la lucha por la democracia, por los derechos, por la justicia.
La batalla de las mujeres no se libra únicamente en las calles. Se libra en el corazón de las instituciones, en la arena política y en el espacio digital, donde nuestras voces deben encontrar nuevos canales para mantenerse vivas y fuertes.
En tiempos donde la concentración de poder parece ser imparable, la respuesta no es la resignación. Es la unidad, la organización y la afirmación de que la autonomía de las mujeres es inalienable.
Este es un llamado a todas las mujeres, a las jóvenes, a las que luchan desde el activismo y las que lo hacen desde la cotidianidad. El futuro no está escrito, y la historia nos ha enseñado que cuando la opresión parece imbatible, la resistencia se convierte en nuestra mayor fortaleza.
En un mundo bajo el superpoder de Trump y Musk, a nosotras nos queda más que nunca, la lucha por la libertad y ser condenadamente unidas, volver a creer en lo colectivo y cuestionar los deseos del ego.

