En tiempos donde la vida se mide en notificaciones y la inteligencia artificial escribe por nosotros, ¿qué significa detenerse, mirar, tocar, participar? ¿Qué significa volver a un proceso colectivo cuando todo parece exigir velocidad, automatización y producción infinita?
El arte responde con un gesto radical:
Volver al cuerpo, al encuentro, al juego. Este 26 de julio, el Museo de Artes Visuales MAVI UC marcará un hito en BIENALSUR 2025 con la apertura de Let’s Play / Juguemos en el mundo.
(d)estructura el juego, del colectivo colombiano El puente_Lab, Mariángela Aponte Núñez, Juan Esteban Sandoval y Alejandro Vásquez Salinas, bajo la curaduría de Diana Wechsler.
La cita será a las 12:00 horas en la Plaza Mulato Gil de Castro, punto de partida para un proyecto que no se contempla: se habita. Porque aquí el arte no se encierra en vitrinas: se despliega como una estructura viva que creamos entre todxs.
Cada participante aporta una pieza, cada pieza es una meta, un deseo, una pequeña utopía personal que se trenza con la de otrxs. En ese gesto mínimo hay una declaración política: nada es solo nuestro, todo se sostiene en lo común.
En un mundo obsesionado con la personalización extrema, esta obra nos devuelve la experiencia colectiva. El juego deja de ser infantil para convertirse en resistencia: desarmar la lógica productivista, volver a la lentitud, al azar, a la construcción conjunta.
Aquí no hay algoritmos que predigan el resultado, ni promesas de eficiencia:
Hay cuerpos, colores y decisiones que se negocian en comunidad. Quizás ahí radique la verdadera potencia del arte contemporáneo: no en la espectacularidad, sino en recordarnos que imaginar un futuro requiere ensuciarse las manos en el presente, tocando, hablando, escuchando. Como escribió Haraway: “Hacer parentesco en un mundo de ruinas”.
Las activaciones continuarán en los días siguientes (27, 29, 30, 31 de julio y 1 de agosto), todas abiertas al público. Será un espacio para crear juntos, ralentizar el tiempo y mirar sin prisa, en un presente que parece querer robarnos cada segundo.
Porque en la era del scroll infinito, el arte nos propone el gesto más subversivo: quedarnos.


