Día del libro: leer como quien cruza la frontera

Hoy, Día del Libro, mientras las pantallas arden en notificaciones, algoritmos y promociones que duran 24 horas, yo quiero hablarte de lo que dura para siempre: una frase que te rompe el alma, una historia que te salva, una lectura que te exilia del mundo y te devuelve con otro rostro.

Leer es un acto de locura. Una locura lenta y premeditada, como el beso que se da con los ojos cerrados antes de la tormenta. Leer es el gesto más radical de ternura con una misma. Es robarle minutos al sistema, a la jornada laboral extendida, a la maternidad que exige y no repara, a la productividad sin alma. Sentarse con un libro es abrazar el último espacio de libertad.

Leer es también escribir sin saberlo. Es susurrarle a una autora muerta que entendimos lo que escribió entre líneas. Es encontrar entre los márgenes del texto un espejo posible. Por eso hoy, queremos gritar que el acto de leer es más que una práctica cultural: es una patria portátil, un territorio indómito que no ha sido colonizado por los códigos QR ni las métricas de engagement.

Los libros no son solo objetos

Son la tierra prometida. Son tierra que arde. Y quienes los escriben —contra todo pronóstico, contra todo mercado— merecen ser leídos como se escucha a una sobreviviente en medio del caos: con atención, con respeto, con deseo.

Leer nos vuelve comunidad. Nos hermana con otras que también leen en el metro, en la cama, en la cárcel, en el exilio, en la fila del Cesfam. Leer nos convierte en esa manada silenciosa que no necesita permisos para pensar distinto. Que no pide disculpas por emocionarse con una novela, por llorar con una poesía, por debatir con un ensayo, por reír con una crónica maldita.

En este día, defendamos el libro como quien defiende el último bosque, el último río, el último recuerdo no digitalizado. Leamos como quien cruza la frontera: sabiendo que al otro lado hay otra versión de nosotras esperando.

Y si nos preguntan por qué seguimos escribiendo y leyendo en un mundo que parece ir en sentido contrario, respondamos sin miedo: porque ahí, en esa palabra que todavía no se ha dicho, puede estar nuestra libertad.

@malditassudakas

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